HUMANOS: 

LOS BUENOS VAN AL CIELO…SEGURO?                                                         

 

Altagracia Rosalía Macarena de todos los Santos, era una mujer feliz. Lo tenía todo. Guapa, alta, de presencia poderosa, rica y viuda desde hacia catorce años. Tuvo la habilidad de casarse siendo muy joven con el Barón de Hierbaverde, un hombre viejo e hipocondríaco, quien atendía más a su presunta mala salud que a su mujer, a la que raramente requería para su disfrute y solo la utilizaba como acompañante distinguida, acallando así los rumores de una sexualidad no definida.

 

Poco le importaba a Altagracia aquellas rarezas, muy al contrario, ella solo quería de él su título y su dinero.  El anciano tuvo además la consideración de morirse a los cinco años justos de su matrimonio de la única enfermedad que no esperaba, le atropelló una bicicleta con tan mala suerte que fue a dar con su cabeza sobre el bordillo de la acera y como se dice “se quedó en el sitio”.

 

Ni siquiera pensó en volver a casarse. El Barón además de la Hidalguía, le había dejado una gran fortuna, que unido a los dineros heredados de su padre; camionero, conseguido con el estraperlo de víveres después de la guerra, y más tarde amontonando ladrillo sobre ladrillo. Retirándose justo a tiempo del negocio antes de que las construcciones se desplomasen sobre su cabeza, sepultándole debajo de ellas, consiguiendo arruinar a unos cuantos mientras él libre de pecado no dejaba de amontonar dinero.

 

Su apego desmedido al alcohol, el tabaco, las comidas abundantes y al fútbol, le llevaron a la tumba justo después de la muerte de su yerno. Gritó: Gooool!!!, en un partido y, su corazón emocionado, cascó como una nuez contra una piedra.

 

Con semejante disponibilidad económica, Altagracia pensó que sería una insensata dejando semejante fortuna cerca de las manos de un hombre quien sin dudarlo intentaría manejarla. Tampoco es que fuese muy dada al sexo, prefería el placer de la comida y hasta de eso se privaba por no ensanchar las caderas. Lo que de verdad la motivaba era presumir y estar siempre por encima de los demás y hacer siempre lo que la diese la gana.

 

Consiguió entrar en un programa de TV, como tertuliana, allí se dedicó durante un tiempo a despellejar a la gente, pero como el asunto no la pareció lo bastante fino y tampoco la traía buenas amistades, presentó su dimisión.

Contrató a un chef y fue dando cenas en su casa. Eso sí que le compensó el esfuerzo y el dinero empleado. La comida abre muchas puertas y es un lenguaje que todo el mundo entiende, consiguiendo nuevas y fructíferas amistades que florecieron como las margaritas en un campo de primavera. Por fin apareció en la portada del “Hola”, una vida nueva resplandeciente se abría ante ella.

 

Necesitaba un descanso después de un invierno tan trabajoso además de un bronceado perfecto ¿Qué mejor sitio para lograr ambas cosas que aquel Paraíso escondido de la playa, prohibido para la aburrida y abundante clase media? Solo ricos, ricos muy ricos tenían acceso a él. Era su sitio.

 

Como todo Paraíso que se precie tenía su serpiente. Se llamaba Godofredo, Gofri, para su familia y a amigos. Era alemán, de familia aristocrática. Hijo único, nieto único y rubio de ojos azules. Visto en la distancia un ángel, visto de cerca, Satanás.

Su tío Anatol le había traído de África una pelota hecha de pieles de serpiente. Todas apretaditas y compactas, de tal manera que lanzada con tino tenía la fuerza de una bala del calibre 38.

Hacía lo que le daba la gana, estaba mal criado, se aburría en el Paraíso y su única diversión era la de molestar a los huéspedes.

La tenía tomada con Altagracia porque le reprendía por su comportamiento en voz alta y chillona para que todo el mundo la oyera al tiempo que levantaba altiva y despreciativa una ceja, cosa que al niño le parecía una provocación.

 

Aquella mañana Altagracia estaba tumbada al sol sobre la más mullida de las hamacas, cubriéndose la cara con un pañuelo de seda con un dibujo a juego con su bikini, para evitar que el sol quemara su rostro y las arrugas comenzarán a aparecer en su cara, secándola y curtiéndola como si fuese un campo castellano.

 

 Estaba relajada, distendida, sus músculos flojos, por eso no sintió el golpe en su sien ni tampoco como se le acababa la vida.

Altagracia era lista y comprendió de inmediato que estaba muerta ¿Si no como iba a flotar por encima de la tumbona, además de estar rodeada de vaporosas nubes azules? Tardó un rato en analizarse; desde luego no estaba nada mal, el cuerpo era musculoso y joven, el dorado de la piel perfecto y el nuevo traje cortito blanco le sentaba de maravilla. Pensó que era un desperdicio dejar aquel material en la tierra, claro que al fin y al cabo,  parecía que su nuevo cuerpo era mejor incluso que el anterior, además de ser transparente e incorruptible. Siempre había tenido suerte, esta vez sería igual.

 

De la nada surgió un túnel de luz. No le impactó,  al fin y al cabo, ya sabía de qué se trataba. Lo había leído en una revista del corazón, donde una “famosa” contaba una experiencia después de haber tenido un accidente. Se encaminó decida hacia él. Inmediatamente se sintió succionada como si estuviese en una aspiradora y todos los momentos de su vida pasaron en cámara rápida por su mente, volviendo a vivirlos. No le interesaron demasiado, ella tenía buena memoria y no necesitaba recordatorios, pero si eso era el protocolo…

Al final del túnel encontró una puerta, apoyado en ella un joven con cara de aburrido se le quedó mirando.

__ ¿Eres Altagracia verdad? Yo soy tu Ángel de la Guarda.  

La mujer lo miró desconfiada. Nada especial, un chico corriente. No resplandecía, ni siquiera iba vestido de blanco y por supuesto no tenía alas.

__ ¿De verdad eres mi Ángel, pues no lo parece?

__ Claro, esperabas algo más espectacular, pero en este momento con tantos líos en la tierra, los mejores están ocupados. Conténtate con tener al menos uno y eso gracias a tu tía Matilde que es monja y reza por ti, porque si no…

__ Bueno, me da lo mismo.  ¿Ahora qué hacemos?

__ Sígueme, tenemos que pasar por el registro de almas.

La condujo por un pasillo muy largo hasta un mostrador, detrás del cual un hombre mayor la preguntó su nombre.

__ ¿Es Vd. San Pedro?

El hombre se echó a reír.

__No, ni mucho menos. Yo soy un asistente de 2ª clase, que hago méritos con este trabajo. ¿A ver, Vd. es Engracia?.

__ Perdone, contestó la mujer indignada, querrá decir Altagracia. Por muy muerta que esté no me falte al respeto…

El hombre la miró enfadado.

­­__ Mire señora, eso es lo que Vd. dice, pero aquí consta que es Vd. Engracia hija de Manuel el camionero y de Petra sus labores. No tiene estudios y por lo que veo pocas cosas ha hecho en esta vida. Si no fuera por su tía Matilde… En fin, yo no estoy aquí para discutir, siga Vd. a su Ángel por el pasillo de la derecha, que si por mí fuera, iría Vd. por el del fondo que es el que realmente le corresponde.

 Antes de que Altagracia le contestase, el Ángel tiró de ella hacia el lugar indicado.

Al final del recorrido, desembocaron en un jardín inmenso, cerca de la entrada había tres impresionantes construcciones.

¾ ¡Qué maravilla!

__ Dé Vd. las gracias a su tía …

__ Ya, ya. No me dé la paliza. Vayamos a aquel, el que está más lejos. Es el mejor.

__ Ese imposible, decídase Vd. por el último.

__ ¡Está Vd. loco! Menuda diferencia, ni en sueños.

__ Pues el primero es totalmente imposible y el del centro, siendo su Ángel de la Guarda, se lo desaconsejo.

 __Oiga, dijo Altagracia enfurecida, ¿Es que aquí no se respeta eso del “libre albedrío?

__ Por supuesto, pero es que…

__ No me de consejos que ya soy mayorcita…

El Ángel con gesto triste meneó la cabeza, pero tuvo a bien callarse y seguir mansamente a la mujer hasta el edificio del centro.

Altagracia quedo impresionada al entrar en el hall de aquel hotel, porque eso era el lugar en que se encontraba, cristal, alfombras, acero, plantas, todo situado con tal armonía que indudablemente había que reconocer que se estaba en el cielo.

Detrás del mostrados un hombre alto, joven y por supuesto de ojos azules, la tendió solícito.

__ Sra. ¿Es Vd. Engracia Gómez?

Altagracia pasó lo del nombre porque no quería molestar a aquel joven tan guapo.

__ Veamos, verá Vd., creo que este no es el lugar que le corresponde, realmente su sitio se sitúa en el edificio que hay saliendo a la derecha, es un poco menos de categoría, pero Vd. estará allí muy

confortable, gracias a los rezos…

__ Cállese ya, por favor, no me mencione a mi dichosa tía. Quiero quedarme aquí y no se hable más.

__ Pero su Ángel le ha dicho …

__ ¡Cállese de una vez y déjeme en paz!

__ Como Vd. quiera, Vd. Decide. A ver, viene Vd. descalza y casi desnuda, eso es quizás lo primero que tenemos que resolver, tiene Vd. que comprender que no va a pasar así una eternidad.

Respóndame a un cuestionario:

_¿Ha traído maletas?

__ Por supuesto que sí, veinte, pero no las veo por ninguna parte.

__ ¿Fotografías de sus antiguos bienes, de los que han disfrutado gente de su alrededor?

__ No

__ ¿Recibos de las limosnas entregadas a los pobres?

__ No

__¿Guarda en su corazón con alegría el recuerdo de sus buenas acciones, entrega, amor, generosidad etc?…

__ Um…

__ No- anotó el Guardian - ¿Respeto y reconocimiento hacia sus padres, cariño a los animales? ¿ha tenido alguno? ¿Amor por su marido?

 ¿Un encuentro pasional hacia algún hombre, o mujer que le haya llevado hasta la locura de olvidarse de sí misma? ¿Amigos entrañables? ¿Llora con las películas sentimentales? ¿Ha tenido miedo de niña?…

¾ ¡No, no y mil veces no! Soy una persona normal y lo que Vd. me pregunta no son más que estupideces. Exijo ver al Director, El Guardian y el Ángel se miraron estupefactos, realmente no comprendían que hacía aquella mujer allí.

De la nada surgió un hombre joven, distinguido que respetuosamente hizo una reverencia a Altagracia.

¾ No se preocupe señora, ya está todo controlado, he hablado con mis Superiores y me han dado permiso para que Vd. se aloje aquí. Le aseguro que se lo merece. Solo existe un pequeño problema, el hotel está totalmente lleno, solo queda una habitación en el último piso, no es de las mejores, pero podemos acomodarla. En cuanto a su vestimenta, encontrará algunos trajes y complementos de su vida en el armario de su cuarto.

__ Acompáñela, le dijo a su Ángel hasta la habitación 666 del sexto piso.

¿Por qué le pareció a Altagracia que el Ángel la miraba con guasa?

Subieron hasta el sexto piso en un ascensor lleno de espejos en los que Altagracia no dejo de contemplarse hasta llegar complacida.

Pararon en el quinto y el Ángel ceremoniosamente le abrió las puertas, dejándola pasar.

¾ Oiga, pero este es el quinto, su amo ha dicho el sexto.

__ Señora, San Santo no es mi jefe, aunque hay jerarquías, entre nosotros nos consideramos todos iguales.

 __¡Qué estupidez!

El Ángel no contestó, solo dijo Sígame.

Anduvieron por un largo pasillo hasta llegar a una puerta pintada de gris, detrás de ella una escalera de caracol subía hasta el piso de arriba.

__ Vamos.

__ ¿Pero a dónde?

__ Al sexto

__ ¿No hay ascensor?

__ No señora, no llega.

Un poco asustada Altagracia siguió al Ángel, por un nuevo pasillo en el que no había alfombras ni espejo y su aspecto estaba algo deteriorado. Al final de él una habitación, solo una, con el número 666.

__ Entre por favor.

Si no hubiese estado muerta Altagracia se hubiese desmayado. La habitación era pequeña con una barata cama de madera blanca, una mesilla,  un armario en el que no habrían cabido ni su colección de sombreros y un lavabo con una palangana, además de dos toscas sillas.

__ El baño está al final de pasillo, allí encontrará una ducha, aunque siendo espíritu dudo que la necesite.

__ ¿Me está Vd. tomando el pelo?

__ Desde luego que no, de ninguna manera. Ya le dijimos que el Hotel estaba lleno, si en algún momento se vacía alguna habitación, y Vd. reflexiona sobre su pasado y su tía sigue…

__Ya no me diga más, ¡mi tía sigue rezando!

__ Eso Sra, eso… ,                                                                                                                Ahora, si me lo permite, tengo que marcharme, Cuando termine baje a recepción y la iremos poniendo al día del funcionamiento de este establecimiento.

El joven se marchó, después de hacerle una reverencia. Altagracia estaba desconcertada, no conseguía entender como era posible haber acabado en tan mísero lugar, por muy muerta que estuviese, su estatus social no se correspondía con el lugar en el que se encontraba.

Muy malhumorada abrió la maleta, (solo había una de las veinte que había preparado). De nuevo la esperaba otra sorpresa desagradable, aquellos vestidos eran de la época en que trabajaba de cajera en el supermercado. ¡Como iba a poder ponerse semejante birrias! La gente se reiría de ella.

Pero Altagracia no había llegado a codearse con la Jet, por ser apocada, así que agarró el traje de los domingos, un horror lleno de lunares con volantes en las mangas, se calzó unas zapatillas con cuña de color naranja y enfiló las escaleras para llegar al ascensor.

El vestíbulo estaba vacío (menos mal) pensó. Se dirigió a la recepción. El joven que la había recibido a su llegada ya no estaba, en su lugar, un hombre de mediana edad de aspecto sonriente se acercó a ella.

Altagracia no le dejó ni empezar a hablar…

__ Vengo a presentar una queja, estoy ofendidísima, en este lugar se me ha tratado con total descortesía. Quiero ver al dueño, me tendrá que explicar muchas cosas. ¿Es que no saben Vd. con quien están hablando?

__ Señora – contestó el hombre __ Siento mucho que esté Vd. tan disgustada, pero todo tiene una razón de ser. Vd. dice llamarse Altagracia, cuando en realidad es Engracia López.

__ Bueno, dejemos eso…

__ Verá Señora, Vd. está muerta a causa de un pelotazo, como ha sido una muerte fortuita, no la podemos juzgar por toda una vida, ya que a Vd. la quedaban, hemos estimado, más de treinta años. Es por eso que en su cuenta de haberes la hemos descontado un 20% de malas acciones, así y todo, no crea que el resultado ha sido bueno. Era Vd. una mujer ambiciosa, sin escrúpulos, nunca ha amado a nadie, solo le importaba el dinero y figurar, machacar a su prójimo y ser despótica con la gente que para Vd. era inferior, no ha cuidado la naturaleza, vendió entero un bosque para sacar dinero y de los animales, que quiere que le diga, los odia, a los niños, a los pobres y..

__ Vale ya, eso es lo que a Vd. le parece, pero no es verdad.

__ Señora, hasta aquí en el MÁS ALLA S.L., nos hemos modernizado y ahora cuando pasa un alma por la entrada se le hace un escaner, y sus resultados siempre se ajustan a la mas estricta verdad. La realidad es que este no es el sitio que le corresponde, esta Vd. en el número 2, dónde vive gente a la que se le considera de alma de clase media alta, cuando a Vd. lo que le corresponde es el sitio de almas de escasos medios y eso gracias a que su tía Matilde….

__ Corte el rollo, vale y ¿ahora qué hago?

__ Señora, tendrá que aguantarse, reparar lo que pueda y aprender ahora para preparar la nueva vida cuando le corresponda volver.

__ ¿Entonces qué?

__ Señora, no entiende nada. SEA LO MAS BUENA POSIBLE, suba los escalones del amor al prójimo y …ya veremos…

__ Pues estoy fresca.

__Pues sí…

 

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