HUMANOS:
Dejaros llevar…pero cuidado con dónde acabáis…
ILUMINACIÓN.
Estaba harta de todos, incluido el perro de la familia que
últimamente ladraba por cualquier cosa. Le estresaba su marido, aburrido, soso
y futbolero, aunque reconocía que era un buen chico barrigudo y paciente Le
incomodaba la hija de diecisiete años que no ayudaba en nada, estudiaba poco, se
había tatuado una serpiente en el brazo y tenía un piercing en el labio, que
cualquier mal día se lo iba a tragar, pero sobre todo, detestaba a su móvil,
parte ya de su cuerpo unido a él por un dedo que no dejaba de teclear. En su
hartazgo incluía, porque no, al hijo pequeño que suspendía siempre el inglés en
el colegio bilingüe y no daba una con las matemáticas.
Odiaba las compras del supermercado y al chino de la
frutería que siempre estaba sonriendo, al autobús que paraba cerca de casa al
que nunca llegaba a tiempo, al poco sitio para aparcar y a la peluquera Antoñita,
que siempre acababa cortándola el pelo más de lo necesario. Sobre todo, se
odiaba a sí misma, por haber engordado siete kilos y ser incapaz de deshacerse
de ellos.
Intentando quemar la grasa acumulada en sus caderas,
deshacerse de su mal humor y ahogar sus gritos, daba largos paseos. En uno de
ellos, encontró un anuncio donde se decía ser capaz de remediar todos sus
males:
Centro
Asivhantra
Clases de Yoga
Corrección del Stress y
Estados de ánimo nocivos.
Decidió ir a ver aquel lugar tan prometedor, al fin y al
cabo, estaba al final de la calle. En la entrada, un joven muy agradable,
vestido de blanco con los pies descalzos, la invitó a pasar, dejando eso sí, sus
zapatos al lado de la puerta. Ella le contó sus penas. Él la consoló,
asegurándole que en aquel lugar encontraría la paz y la armonía. Ella le creyó.
Primero fue dos veces por semana, luego tres y al finalmente
todos los días de la semana. Ninguna persona de su familia la preguntaba a dónde
iba. No daba gritos, estaba tranquila y una sonrisa flotaba en su cara como una
nube blanca en un cielo azul. Sin ponerse de acuerdo, nadie quiso saber más.
Fuera lo que fuese, era bueno.
La felicidad brotaba dentro de su espíritu como las
campanillas en primavera. Tanto, tanto, tanto, que un día de verano, alcanzó la
relajación perfecta, la que corresponde solo a los más sabios y a los santos. Comenzó
a elevarse del suelo, la ventana estaba abierta por el calor, salió fácilmente
por ella, dejando por debajo de sí la ciudad.
El profesor intentó
agarrarla por un pie, pero no consiguió detenerla, solo pudo ver como se alejaba
volando sumida en una profunda ensoñación y con una cara de dicha tan intensa que
le provocó espasmos de envidia, y un sarpullido rosáceo en la cara. Desde aquel momento asqueado de su incompetencia,
dejó el yoga dedicándose a dar clases de baile.
Vagó dichosa por los aires, desconectada del mundo, hasta
posarse en un camelio, dónde anidó ya para siempre. No necesitaba comer ni
beber, sumida en la más beatífica contemplación. Con el paso de los días se fue
diluyendo como si fuese un jirón de niebla para unirse con el Cosmos. Había
conseguido la Iluminación Total
Su familia la echó de
menos algo, un poco, pero no demasiado. Al fin y al cabo, podían comer todos
los días en el Burger que estaba al lado de su casa, la mugre no les molestaba,
es más les parecía una capa protectora y sobre todo, podían hacer lo que les
diese la gana sin tener que soportas sus broncas. Ellos también alcanzaron otra
clase de Iluminación
Magnifico,a veces parece que te dejas llevar también por la ensoñación,lo siento por los que te rodeaban que se quedaron "al pairo",pero que te recuerdan con cariño,sigue con la escritura seguro que te hace bien pero mucho más para tus lectores continua y ánimo.
ResponderEliminarExcelente: refrescante y ligero, tanto que sale volando.
ResponderEliminar