HUMANOS: La fama tiene un precio...

BLOGUERA                                                                                                    

 Dolores Tadea a quien le pusieron el primer nombre por el mal parto que le dio a su madre y Tadea por lo del” San Judas Tadeo”, por ser el patrono del pueblo de su familia.

Ya de mayor, Tadea, fiándose de su tocayo el Santo, le prometió darle una limosna de 10 euros si le ayudaba a no quedarse embarazada del Mateo, con quien se había casado para librarse de su madre y por ser el único pretendiente que se le arrimó con propósitos honestos.

No le importó que fuese chaparro, feo, futbolero, y aficionado al vino, a su favor tenía dos virtudes, apenas hablaba, y se pasaba el día en la taberna de la esquina, además era un buen albañil y la daba todo el dinero sobrante después del gasto en vino peleón.

Aunque los ímpetus amatorios de su marido no eran destacables, porque normalmente se quedaba dormido antes del acto, el Santo, que no podía atender esos encargos, porque el nacer o no, era cosa de otras entidades celestiales, no pudo evitar que después de una verbena, en la que el matrimonio se animó demasiado, con los churros, el aguardiente y los chotis, que finalmente naciese “la Encarnación”.

A pesar de que la niña salió como el agua, Dolores Tadea ya no se sintió obligada con el Santo, aunque este después cumplió y jamás tuvo más hijos, ayudándola, claro está, el que su marido se muriera cayéndose de un andamio al querer bailar Zumba sobre él, después de haberse bebido media botella de ginebra para celebrar el nacimiento de su hija, ya desde aquel momento huérfana.

De todas maneras, la Encarna le duró bien poco, a los dieciséis años se enamoró de un marroquí y desapareció de su casa. Nunca volvió a saber más de ella, pero la importó poco, ya que ambas se llevaban a matar, así que realmente fue un alivio.

  Veinte años después, como todos los días al salir del trabajo, arrastraba el carrito de la compra, al que le chirriaba una rueda, tranquila, repasando mentalmente la lista de los alimentos necesarios Sin dudarlo pondría unos garbanzos, con migas de bacalao, un poco de panceta, para darles gusto, y unas patatas cortadas a lo “pobre”. Después, una vez terminado de cocer le echaría una ajada con pimentón y le daría un hervor.

Total, la comida le saldría por unos seis euros y si se estiraba con las patatas y los garbanzos podría durarle dos días, con lo que siendo una persona, el gasto sería de tres euros, cosa que en estos tiempos no estaba nada mal.

 

Compró todo lo necesario en el Super del chino de la esquina a quien todos llamaban Chu-Lin, a pesar de haber nacido encima de la tienda y hablar el español mejor que muchos de sus parroquianos y llamarse Francisco José. Después, con el “arreglo hecho” se fue a la frutería donde además de comprar unas cebollas a su amiga Jacinta, se entretuvo en charlar un ratito con ella.

 Le encantaba la media horita de darle al pico hablando con ella de cosas de mujeres, y de las cotillerías del barrio.

Jacinta tenía un montón de revistas viejas que le regalaba la clientela, con las que envolvía las pocas cosas que le compraban, aunque últimamente la clientela había aumentado, pues astutamente la tendera había hecho correr la voz, de que sus productos eran todos “bios” por lo que algunos tenían tan mal aspecto, debido a la falta de fertilizantes químicos que se empleaban en su cultivo, aunque la realidad es que adquiría los que tenían algún defecto o estaban algo pasados, a precios muy bajos.

Como no conocer la realidad, consigue vivir en la ilusión, muchos jóvenes del barrio comenzaron a disfrutar al comer algo tan sano que carecía de fosfatos y otras guarrerías. Ellos eran felices y hasta aquellos alimentos les sentaba bien. Astutamente la frutera, con aquel engaño había conseguido aumentar milagrosamente su clientela. Dolores y Jacinta eran muy buenas amigas, la tendera le regalaba las revistas que le sobraban y Tadea

las echaba una ojeada junto a su único sobrino Paco y familia, al que todo el mundo llamaba “El Fino” por ser extremadamente delgado y algo amanerado.

 Paco se acercaba una vez por semana a verla, con la con la intención de que no se olvidase de él y le dejase el piso del que Encarna era propietaria.

Aquella tarde del viernes, día de visita, se presentó como siempre.

Sentados en la camilla de antiguos recuerdos, y tomándose un “cafelito”, acompañado de unas galletas que había hecho Dolores, comentaban las revistas, mirando con admiración y también con un poco de envidia, a las personas que salían llenas de glamour en ellas.

__ A mí, le dijo Dolores a su sobrino, lo que me impresiona, son chicas como estas, que reconozco que son “monas” pero sin más, pero mira, según dicen aquí, ganan montones de dinero cocinando y luego subiendo las fotos de sus comidas, a no sé qué cosa de redes. Aunque por las fotos y las recetas que ponen ahí, parecen verdaderas simplezas ! ¡Pero que sabrán esas crías de cocinar, les enseñaba yo!

__ Qué razón tienes tiíta, con la comida tan rica que haces.0

__ Y por tan poco dinero.

__ Oye, se me ocurre una cosa, mira tú podías hacer lo mismo.

--¿Estás loco?

-- Nada de eso, verás, tú vete acordando de las recetas del pueblo, que del resto me encargo yo. Llamaremos al programa “La cocina rural, cocinar respetando el medio ambiente” ¡Verás que éxito! Eso sí, nada de mucha carne, verdura, pan frito, pimentón y mucho ajo ya sabes, lo que comíais en el pueblo cuando tú eras niña y no teníais ni un euro mejor dicho ni un duro para comer, y lo que ganes nos lo repartiremos a medias, yo seré siempre tu representante. Te lo escribiré para que lo firmes.

__ ¿Pero no te fías de tu tía?

__ De ti si claro, pero ¿sabes?, hay mucho listillo por ahí…. y como tengas éxito!

 __ Pues lo que tú digas hijo

 Así empezaron las cosas, Paco venía con su cámara y filmaba a su tía cocinando, pero al principio no tuvieron mucho éxito. Al sobrino le dio por pensar que fallaba en el invento y al final comprendió que lo que les faltaba era “morbo”, eso era lo que vendía en este momento.

 Algo que produjese, miedo, sorpresa, emoción, pero por más que le daba a la cabeza, no encontraba en que basarse para producir fuertes sentimientos en el público, hasta que un día, viendo un documental se le ocurrió una idea magnífica. Su tía sería acosada por el Ku Klux Klan, tendría que cocinar siempre bajo amenaza de muerte y siempre, siempre, llevar puesto el capirote de ellos y firmar sus platos con tinta negra de calamar.

Parecía una estupidez, pero tuvo un éxito arrollador, las redes se dispararon y su crédito aumento considerablemente y con ello… el dinero.

Todos los lunes, miércoles y viernes, Dolores Tadea se enfundaba el capirote y cocinaba sin parar. Mientras se veía la sombra reflejada de una pistola en los baldosines blancos de la pared de la cocina.

__ ¡Paco te llamo, para que sepas que estoy bien!

__ ¿Pero tía que ha pasado? Has desaparecido, las redes echan chispas y yo estoy muy preocupado.

__ Hijo, lo siento, pero no podía seguir con el programa. Ayer por la noche me llamó en persona el Jefe del Ku Klux Klan amenazándome de muerte si no dejaba de burlarme de ellos. Agarré cuatro cosas y me vine al pueblo, estoy en casa de la Engracia, pero no quiero salir de la despensa, aquí estoy bien. Por la noche cuando no ven ni los murciélagos voy al patio, con mi amiga. Tres meses me han dicho, que tengo que estar desparecida y que si antes me encuentran me asesinaran. Así que hijo, conmigo no cuentes más.

__ ¡Pero tía…!

__ Nada hijo, lo siento.

Dolores Tadea, colgó.

 Cuando Paco lo contó en el barrio, la frutera y los chicos del bar, se rieron muchísimo de la bromita, claro que la llamada la hicieron por pura envidia.         

 

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