HUMANOS, LA VIDA ES TAN LOCA QUE A VECES LA INFELICIDAD NOS TRAE, ENVUELTA EN ELLA, LA ALEGRIA.

MEDIANÍA.                                                                                                                     

Pilar era una mujer de mediana edad, mediana estatura, que vivía en una casa de dimensiones medianas y pertenecía, por supuesto, a la clase media-mediana…

 

Nada en ella era destacable, sin embargo, se consideraba una persona relativamente afortunada. Su filosofía acerca de la existencia se resumía en un solo concepto; la vida es como un salón de baile donde a veces se bailaba rápido y otras lento y donde a veces tu pareja te da pisotones. Aceptaba los problemas y las alegrías con igual imparcialidad.

 

Años antes no fue así. Pilar había sufrido mucho. Le tocó lidiar con la desgracia y la mala suerte, hasta que el dolor se fue mitigando y ella creyó que casi había desparecido. ¿Qué podría tener ella de especial para atraer de nuevo algo tan negativo?

 

Sentada enfrente de ella, encorvada, con la mirada huidiza, el pelo revuelto y sucia, su hija balanceaba sus piernas en un gesto nervioso. Se mordía el labio inferior insistentemente como si quisiera arrancarse de él algún pellejo. No hablaba, simplemente observaba a su madre con gesto adusto.

 

El niño, porque era un niño, apenas si debía tener cuatro meses, estaba delgadito, embutido dentro de una manta que seguramente fue rosa, aunque ahora su color era indefinido. No lloraba, callado, abría mucho sus ojos negros, igual que los de Pilar, mirando a su abuela a la que acababa de conocer.

 

 ¾ ¿Cuándo nació?

 

¾ El 7 de noviembre. Es Escorpio, como tú.

 

Pilar se quedó en silencio ¿Qué más podía preguntar?  Su hija hacía cuatro años que había desparecido de casa. Al principio ella la buscó desesperadamente. Hacía poco que su marido había muerto y estaban solas las dos. En un primer momento, tuvo la loca esperanza de que todo cambiase entre ellas. Pensaba que quizás el carácter de su difunto marido, un hombre callado e introvertido que impregnaba de tristeza la casa hubiese sido el causante de la marcha de Lola. Pero Lola nunca fue buena, ni siquiera de niña, siempre había sido díscola y mala estudiante, metida continuamente en líos de los que no sabía salir sola, hasta que un día despareció sin dejarle ni una mala nota.

La policía le habló claro, dado los antecedentes de la chica, lo más seguro es que se hubiese fugado con algún novio. Pilar no sabía dónde buscarla, apenas si hablaba con ella, desconocía su vida privada. Lloró desconsoladamente hasta que una mañana Lola de forma inesperada la llamó por teléfono, para decirle, como si fuese lo más natural del mundo: Deja de buscarme, estoy bien, tengo un empleo, un novio y una casa.  No te necesito, olvídate de mí. Sin más colgó el teléfono.

 

 Pilar estuvo dos días sin salir de casa, sentada en el sillón que estaba junto a la ventaba. Repasó toda su vida y la de su hija, pasando por todos los estados de ánimo, pena, cólera, enfado, sentimiento de injusticia, culpabilidad y un muy largo etcétera…A la mañana del tercer día pensó “Es lo que hay”. Entonces se le ocurrió lo del baile y la paz inundó su alma. No podía hacer nada, solo esperar y ya que era su única opción, decidió hacerlo en calma.

 

Habían pasado cuatro años de una vida sin altibajos, una vida media, llena de rutinas pero que a ella le bastaba y satisfacía. Y ahora, de repente Lola volvía de nuevo. No se atrevió a preguntarle que quería, ni si la pequeña maleta que la acompañaba significaba su regreso a casa. Guardó silencio. Ambas lo hicieron.

 

¾ Voy a bajar a por tabaco, cuida un rato del niño.

 

Se dirigió hacia el pequeño, para darle un fugaz beso en la cara. Cogió la mochila se marchó por la puerta, cerrándola tras de sí suavemente.

 

Pilar se quedó quieta en su asiento, espero un rato, después se acerco hasta la maleta, contenía cosas para el bebe, una leche, algo de ropa y nada más.

Se acercó al niño que dormía tranquilo, tomándolo en brazos, lo depositó en su cama entre dos almohadones; puso una lavadora, hirvió el biberón del niño y dejó preparada la leche para cuando se despertara.

 

No se cada cuánto come, pensó. No importa, todo irá arreglándose. Sabía que Lola no iba a regresar, porque de una manera torcida volvía a necesitarla… “Es lo que hay”…Se acostó al lado de su nieto sabiendo que en aquel momento el baile de su vida era nuevo, alegre y que a pesar de la profunda pena que le producía el alejamiento de Lola, aquel niño, ahora suyo, la llenaba completamente de felicidad. 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog